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Donde nadie ni nada detenga : ciudades ficticias

a Lukas por Garrapatas

 

Exista

una ciudad

cuyas calles lleven misma dirección e igual sentido, cual arado, peinado siciliano hacía atrás con gel o paso de zebra.

Estén

sus habitantes

obligados a respetar la única trayectoria válida, siendo el contrasentido castigado con diez lagartijas, orejas de burro o lapidación, a elegir.

Puedan

únicamente transitar antagónicos:

a) los perros,

b) los pájaros,

y en consecuencia representen primero motivo de admiración; siembren con posterioridad envidia, sospecha, violencia; finalmente cosechen respeto, hábito e ignorancia.

Represente

cada día

una nueva morada, un nuevo trabajo o actividad, inclusive una nueva familia o soledad.

Sean

costumbres

subir toda escalera al revés, beber el agua de las fuentes y alimentar a las palomas con migas venenosas.

Vuélvase

hábito

la desconfianza frente a contables, policías, abogados y estudiantes de comercio internacional. Si un habitante en cuestión pertenece a estas industrias que se le prohíba el uso de espejos por compasión.

Piénsese

en una metrópoli

que nunca fue, es o será la misma cada día, ni cada noche.

Confírmese

que los habitantes

finalmente salen expulsados por uno de los extremos de la urbs, agotados, pero eso sí, lo bailado nadie se los quita.

 

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