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Tercera carta del marinero Garrapatas a sus amigos, donde les invita a fundar un zoologico fantastico

 

Queridas, Queridos,

 

 

Antes de hacer entrar estas palabras en vuestros ojos les he pedido que se

limpien los pies, se quiten el sombrero e inclinen la cabecita cortesmente, pero

sobre todo les he exigido que emitan, con el respeto adecuado, la disculpa por

el retrazo en su ruta, por el silencio que de ahi nacio. Habia prometido en mis

ultimas lineas historias como fuegos de artificios, donde las mejores vienen al

final, pero, quien me puede indicar cual es el principio o el final de una

serpiente que se muerde la cola ?

 

 

 

Algunos de ustedes estaran al corriente de mi nueva vocacion temporal : hacerle

al Ulises, lidiar con sirenas, cazar cachalotes y amaestrar pulpos. Les habia

comentado en mi ultimo correo que esto de amarrarse al mastil, armar cigarros

sin filtro y portar pajaros verdes al hombro es toda una disciplina casi tan

estricta como las matematicas, y al mismo tiempo tan flexible como el

contorsionismo; que de estos opuestos nazca algo tan inspirador y fabuloso como

la navegacion marina no nos resulte improbable.

 

 

 

Pero, que tienen en comun una serpiente que se muerde la cola, las sirenas, los

pajaros verdes, los pulpos, los cachalotes. ? En presurosa aseveracion quedaria

escrito que las aventuras oceanicas abundan en fauna, que posiblemente gran

parte de la mitologia antigua proviene del encuentro de los hombres con aguas

tan vastas, de incomprensibles profundidades, de misteriosos habitantes. Tal vez

algo de cierto exista en lo anterior dicho, pero no es por ahora la discusion

que preocupa a mis dedos sobre el teclado. Mas bien lo que traigo atravezado es

una propuesta, una invitacion, eso si, que tiene que ver con animales.

 

 

 

Quiero fabricar un zoologico.

 

 

 

Pero no lo quiero hacer solo, mis animales se aburririan, se encontrarian

parecidos y por lo tanto poco especiales. Para evitar eso necesito de su ayuda,

es por eso que realmente les escribo, pues se trata de un zoologico de animales

fantasticos. Si, fantasticos, y por lo tanto el recinto y las bestias que le

decoran estaran hechos de imaginacion. Dicho de otra forma, los animales

fantasticos viven a traves de las letras, de los dibujos, de los sonidos,

inclusive de la ausencia de estos mismos.  Estaran entonces recibiendo este

correo porque les considero personas creativas y por consiguiente probablemente

interesadas en crear un animal de su mas profundo ensueno, darle vida, hacerle

comer tiempo, dotarle de diez cabezas y pies de fuego, o lo que les venga en

gana. Esta invitacion NO es para una competencia en la cual trataremos de crear

las bestias mas excentricas del universo. El objetivo es socorrer la poesia que

cada quien lleva dentro y darle la forma animal. Una vez recopilado el material,

estructurado y bien presentado, me gustaria que dicho zoologico alguna vez

encontrase tinta y papel verdaderos, pero eso esta aun lejos. Aunque para ser

franco, estaria mas que satisfecho con tan solo recibir sus animales, cuidarles

y sacarlos a pasear un rato por aqui por el malecon.

 

 

 

Ahora bien, les mando abajo tres de mis bestias, no muerden. La extension se me

hace adecuada. Habra animales mas largos o mas cortos, pero lo importante es que

lleven el signo particular de su creador. Asi que, quien es el valiente ?

Agarren sus plumas y hojas, pinceles o camaras, grabadoras. Escriban, dibujen o

registren, y haganme circular sus bestiolas.

 

 

 

Un rasguno caluroso,

 

 

 

el domador Garrapatas

 

 

 

 

 

PD.

 

1. Para aquel boheme racaille que conoce a Anton y Pipe porfavor reenviarles

este correo pues no tengo sus direcciones electronicas.

 

2. Lo mismo para aquel(la) que conzca a Everardo (lolo).

 

 

 

Animales fantásticos: la mastorra

 

por José Garrapatas

 

 

 

Mircea Eliade, en su grandiosa y absurda labor de historiador de religiones,

visionó en uno de sus libros la tribu de los Kepara al norte de Rusia. De

aquellos hombres arcaicos llegaron sólo hasta nuestros días once cueros de

bisonte inundados en simbología piadosa. Se sabe que la biblioteca de los

Kepara, preservada a lo largo de milenios por los Yenets de Siberia,  contaba

con más de cinco mil pieles bóvidas. La desaparición de dichos documentos se le

atribuye a Iván IV El Terrible, quien tras la conquista de Siberia acaecida a

finales del XVI, autorizó a sus ejércitos portar dichos libros como cubiertas

contra el clima accidentado de la región. Sin embargo, de aquella expedición de

condiciones extremas se sabe que sólo volvieron diez hombres y su adalid. Para

fortuna de nuestros bestiarios, estos mortales habían elegido los once cueros de

mayor grosor y de más punzantes grabados. Es ahí, sobre la epidermis de once

cíbolos ignotos, que se narra la fabulosa existencia de la mastorra:

 

 

 

            La mastorra es el único animal sin sombra: los dioses se la han

prohibido a cambio de la inmortalidad. Al tacto, su piel moja como lo hacen las

aguas del lago Baikal, fría y sórdidamente. Su lengua mide cuarenta pies y la

utiliza para alimentarse de algas de profundidad media, también para emitir un

silbido que sólo puede ser escuchado por los hombres cuarenta días después. La

mastorra carece de ojos y su visión del mundo la obtiene a partir del olfato. Se

cree que puede tomar la forma de una zorra o un águila, e infundir con su mirada

el ímpetu que en los hombres hace fundar ciudades e imperios. Se desconoce si es

un sólo espécimen pues en su andar antigregario no deja huella ni rastro.

Durante su existencia perenne ha sido condenada a fungir como impar testigo del

sempiterno retorno del tiempo. Sólo la salvará reencontrar su sombra, la cual se

cree que fue liberada en el extremo contrario del hemisferio. El mito agrega que

también es posible liberarle si con un espejo fracturado se refleja sobre sus

lomos el primer rayo de sol: sólo esa luz rota le procuraría mortandad. Desde

tiempos muy remotos, las mujeres y hombres de la tundra, cuando salen antes que

el sol en búsqueda de alimento, penden a sus cuellos pequeños espejos cuarteados

con esperanza de encontrar y liberar a la mastorra, pues se cree que aquel que

le libere recibirá bienaventuranza y justicia.

 

 

 

 

 

Animales fantásticos: el Weshtz

 

por José Garrapatas

 

 

 

Uno que en realidad son muchos afirmó Eric Satie cuando un periodista le pidió

una descripción de su musicología en 1901. Varios que en realidad son uno afirmó

muchos siglos antes Herodoto de Halicarnaso, al hablar en su tercer libro de La

Historia sobre los dioses de la mitología antigua. Existe, y aquí el tiempo

verbal es de exigua pujanza, una bestia que, como la música de Satie y los

dioses griegos, es contradicción, es unidad y grupo en simultaneidad. La poesía

persa del siglo XI, compara un ser vivo de extraña compostura en alguno de sus

Robaiyat con las aguas que rodean la India y la península Arábica: un mismo

océano, diversos mares. Esta misma fórmula utilizarían los alquimistas otomanos

de finales del XIV pensando que el reflejo de la imagen propia entre dos espejos

haría multiplicar sus vidas infinitamente. Se ha sabido que el Weshtz, nombre

que le adjudicaron los judíos ortodoxos a la bestia quizá más temida de la

antigüedad, fue una criatura cuya alma, única castigada por Dios durante la

Creación, fue dividida entre varios animales de accidentadas fisiologías. Es por

lo tanto carente de descripción física o geográfica y se conocen sólo dos

importantes rasgos de su existencia:

 

 

 

1.         Cuando cae en ira, corre alrededor suyo un remolino apresurado de dientes de

león.

2.         Al establecer corta distancia con la bestia, los astrolabios de los viajeros

enferman y sus agujas confunden el Norte con el Sur, el Oriente con el

Occidente; de esta forma el Weshtz se resguarda y  les aleja de manera

irremediable. 

 

 

 

Animales fantásticos: el Yukul

 

por José Garrapatas

 

 

 

Fundamenta la ciencia religiosa que, en las civilizaciones arcaicas, la

concepción cosmogónica comienza siempre por la definición del espacio sagrado:

el caos, de carácter profano por definición, se organiza de acuerdo a un centro

generalmente referido por una teofanía. De esta forma los hombres podían

asegurar su propia existencia, así como la de sus divinidades, dentro de un

mismo cosmos intercomunicado.  En el extremo opuesto de la historia, ciertos

filósofos franceses defienden la noción de identidad como fundamento existencial

del hombre. El principio de orientación resulta entonces un tema primario

vigente hasta nuestra época.

 

Los mayas atestiguan dentro del Popol Vhu la creación de una primera bestia: el

"Yukul", palabra que quiere decir "libre y poderoso". Las divinidades se

propusieron hacer un animal preparado para recorrer las cuatro regiones del

mundo. Diéronle así las alas de un águila para volar los cielos; fue también

dotado de cola de pescado para nadar los mares; para correr las tierras le

fueron otorgadas cuatro patas de jaguar; finalmente tuvo la mirada del quetzal

que le permitiría observar y juzgar el inframundo. Fue depositado por primera

vez en lo alto de un peñasco frente al mar, donde viento, agua, tierra e

inframundo se conjugaban inexorables. El animal quisó incorporarse al bramido

del aire y volar, pero también algo le inscitaba a galopar los valles alejados e

incluso a hudirse en las mareas que violentaban a un lado: inmóvil fue sólo

deseo. Murió al nacer tan libre.

 

Los dioses decepcionados se reprocharon dicha creación y emprendieron nuevamente

sus labores. Decidieron entonces dividir la tetragramía: así en la tierra los

primeros pobladores fueron el jaguar, el águila, los peces y el quetzal.

Animaron por igual un quinto ser que guardaría el recuerdo del "Baalché Yukul" y

por tanto evitaría futuras erratas.  Se llamaría "Uinic", que en principio

significa "preso y débil", y en su fórmula abreviada quiere decir "hombre". El

resultado evidentemente fue el primer hombre y rey maya. Al "Uinic" se le

condicionó la existencia otorgándole el sentido de orientación. El "hombre" por

lo tanto podría vivir ligado siempre a un esquema calculado del cosmos:

guardaría en principio horror al infinito y a la libertad, evitándo así repetida

tragedia. De ahí los mayas guardarían la creencia de que a lo largo de la vida

de un hombre revive paulatinamente en su interior el recuerdo del Yukul. Esta

remembranza le incita a buscar la plena libertad que, una vez encontrada, se

resuelve como la misma muerte.

 

 

 

Una imagen

 

 

 

Tres hombres: pasmado uno, los ojos al cielo; dudando otro, al centro de la más

grande duna; desesperado un tercero, náufrago en medio de cualquier mar. Sin

muros ni puertas, a los tres les encierra magnánimo el mismo laberinto. Libres,

perdidos, presos.

 

 

 

FIN

 

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