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Comunicado que el licenciado José Garrapatas pegó en la entrada del edificio rosa donde mora el día 24 de mayo

 

Comedidos vecinos,

 

Antes de entrar en vuestras pupilas, he pedido a estas letras hacer una cortés reverencia, digna de vuestro tiempo y esfuerzo, y sobre todo les he exigido limpiarse los piececillos manchados por la cobardía de mi ausencia. Tras estas pompas, circos y tramoyas, dirijo a ustedes la presente debido a dos acontecimientos relevantes en mi vida, que a pesar de ser recatada y sosiega, parece confluir inexorablemente con la de ustedes.

 

El primer acontecimiento importante se dio cita el noveno día del presente mes: se trata de la evaporación inefable del velocípedo, comúnmente inscrito bajo nombres como bici, bicla, baica, burra, güila  ó bicicleta, y que podría señalar bajo las leyes de la propiedad privada entre mis pertenencias más valuables. ¡Detenga ahí su expresión! Ese mismo gesto de incoherencia y poco entendimiento dibujé aquella tarde que entré al patio interior de nuestro respetable inmueble, y en vez de encontrar mi bici roja, descubrí en su sitio habitual una bola de pelos viviente que arañaba el piso con demencia, y que al verme, echó a correr por las escaleras no sin antes dejar un evidente montículo de propiedades que no me aventuro a narrar. Por un momento pensé que se trataría de una banda de perros criminales roba-bicis y que había alcanzado a ver a uno de sus sicarios meando y cagando prolíficamente el sitio del atraco (así como quemaban poblados los conquistadores en épocas postcolombinas, así como corrompen mujeres los policías en nuestros días). Raudamente descarté aquella inconexa idea y atribuí semejantes alucinaciones al aumento en la dosis de vasos de agua caliente por la noche.

 

          Pero dejando a un lado las incidencias menores del despojo del que fue víctima éste vuestro interlocutor, y volviendo a la médula del asunto, les hablaré del segundo acontecimiento relevante. Se trata de mis recientes lecturas sobre filosofía estoica de la escuela romana, particularmente en tiempos del gran Lucio Anneo Séneca. ¿Qué tiene esto que ver con el robo de mi bicicleta? Permítanme les expongo algunas ideas que ayudarán a aclarar tan radical cambio en la temática. Exiliado en Córcega, el gran Séneca (tal vez lo recuerden por copias a tragedias como Oedipus Tyrannus de Sófocles) escribió tres consolaciones. Me permito a continuación citar un fragmento de aquella dedicada a su mamá, la señora Helvia, fragmento en el cual he encontrado razón para tranquilizar mis iras y despechos hacia el feligrés que tomó accidentalmente (quiero pensar) mi bici roja:

 

“Los que se adhieren a los dones de la fortuna [el ladrón] como a bienes personales y duraderos, y por ellos quisieron se les rindiera homenaje, se abaten y afligen cuando su alma, vana y frívola, que no conoce los placeres sólidos, queda privada de esos goces engañosos y pasajeros. Pero aquel [yo] a quien no hincha la prosperidad, no queda consternado por los reveses, oponiendo a la favorable y adversa fortuna ánimo invencible y probada firmeza, porque en la prosperidad ensaya sus fuerzas contra la desgracia. Por esta razón he creído siempre que no hay nada de verdadero en esas cosas que todos los hombres desean [baica]: las he encontrado vacías, adornadas con exterioridades seductoras y engañosas [llantas cromadas] y sin tener nada en el fondo que correspondiese a las apariencias [ponchadas].

 

Dicho de otra forma, me hallo indiferentemente vivo tras el préstamo que hizo algún piadoso de mis pertenencias. Quiero pensar que se trató del ensayo de alguna emergencia, que el afortunado ganador se equivocó de móvil y en vez de agarrar el auto(móvil), agarró el otro(móvil), o que el tipo necesita realmente la baica para ir a chambear porque es plomero en el vecindario y no necesita usar automóvil, además ¿para qué contaminar más una ciudad tan contaminada como la nuestra? Quiero suponer que el destino no es tan macabro y que en la parte del perpetuo retorno, los estoicos y otros cuantos más se equivocaron por completo, porque si es verdad, el cabrón que robó mi bicicleta la va a regresar pero al pinche hospital y con el cráneo roto por pendejo y por ratero, por haberse ido volando como chiflido, montado en tan linda ave roja de alas plateadas, bordes negros y llantas ponchadas.

 

Estoicamente,                

 

José Garrapatas   

 

 

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